miércoles, 11 de diciembre de 2013

El hombre que ha visto nacer la historia del Perú en un cuarto oscuro

Las imágenes nacen de la ausencia total de la luz. De la mezcla del revelador, paro y fijador.  Los tres juntos: químicos inseparables del parto de lo eterno. El arte cobra vida en lo oscuro, él lo sabe muy bien. Sus manos ásperas se bañan diariamente en químicos. No se cansa. Ha encontrado orden en el desorden de la oscuridad. Saca el rollo del revelador. Lo extiende y lo cuelga como quien tiende la ropa un domingo por la tarde. Pero no es domingo, y no hay luz.

Son las 10:15 am, y José Felix Chuquiure está por llegar, fue invitado para dictar un taller de revelado sobre fotografía Pinhole. La oficina está siendo remodelada por los que vinieron a escuchar la ponencia. Papeles, bolsas y cartones negros son pegados con cintas en las puertas por donde se filtra la luz. El cuarto oscuro nace, y el profesor estaciona su carro e inmediatamente toca el timbre – tin ton.

Sube las escaleras e ingresa a la oficina, todos lo miran y lo saludan, parecen no haberlo reconocido. José Chuquiure o ‘profe’, como muchos lo llaman y lo terminarían llamando luego del taller, es fotógrafo autodidacta, laboratorista y docente de fotografía en la Universidad de San Martín de Porres, reconocido nacional como internacionalmente por sus numerosas exposiciones y trabajos realizados a lo largo de su vida. Obtuvo en Taiwan el premio a la excelencia en la exposición “Imagen y tiempo” (1992), ha sido seleccionado como participante de los seminarios de la prestigiosa asociación World Press Photo de Holanda (1998-2000), su obra ha sido publicada en un libro de Mario Testino, y fue miembro fundador de la asociación TAFOS, desempeñando la labor de copiador y fotógrafo documentalista. Todo un importante profesional de la fotografía análoga en el Perú, pero un adulto desorientado de la tecnología y el mundo digital.

Su pasión por la fotografía empezó a los 12 años. Su papá tenía una suscripción en la revista Life en español, la cual llegaba de Centroamérica. La revista fue su primer contacto con la fotografía. Sus ojos hambrientos devoraban con pasión cada hoja, alimentando la visión de José. Dicen que para tener buen ojo hay que observar mucho, eso es algo que él entendió desde pequeño.
Otro hecho que lo llevó a fijarse por el mundo del arte de la fotografía, fue la afición de su papá, quien grababa con una 8 mm, videocámara análoga, los encuentros familiares, y los mandaba a revelar a Panamá, porque aquí aun no existían los centros de revelado. Tal vez uno de los mejores obsequios fue su primera cámara, una Zeiss Ikon Voigtlander alemana de los 50’s. Cámara que luego terminaría perdiendo y convirtiéndose en parte de su historia personal.

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Empieza el taller. El ganador del Each Nation Medal – Sri Lanka (2000), habla de su trabajo y de su extenso registro de fotografías y técnicas, que hoy en día son imposibles de realizar. Se encuentra calmado, cuando él habla parece como si hablara con sus amigos. Se ríe y los demás sonríen. A pesar de ser muy reconocido es una persona muy simple.

José Chuquiure de joven quiso ser diseñador gráfico, pero luego se decidió por la fotografía. No existían las ciencias de la comunicación en ese entonces, y solo habían sitios improvisados para instruirse en fotografía y revelado. Así que decidió aprender por su cuenta. Se compró sus equipos y armó un cuarto oscuro en su casa. Acto que lo llevaría a trabajar como laboratorista por 10 años. Una década de oscuridad.

Un breve aplauso reanima al ‘profe’, el taller ha salido perfecto, todos están contentos de haber aprendido algo de historia y técnica. Lo que José transmite cuando enseña son aquellos años de práctica y éxito. Son los ojos de un fotógrafo que ha documentado la transición del Perú desde que este buscaba identidad ante el mundo. Pero no todo ha sido perfecto para nuestro país, ni para Chuquiure.

Eran los años 70’s. José trabajaba como fotógrafo para el Ministerio de Guerra, y lo mandaron de comisión al aeropuerto a las 6:00 a.m. Los rayos de luz quebraban las nubes del cielo que recién empezaba a despertarse. Llegó a Lima un grupo del ejército que estuvo en zonas de conflicto para reencontrarse con sus familiares. Era la escena perfecta. Una escena emotiva. El hambre en los ojos de José despertó de nuevo. Las madres de los soldados llevaban trajes andinos preciosos, y los rostros de felicidad le embargaron las ganas de eternizarlos con su cámara. Y lo hizo. Chuquiure disparó. - ¡Pam! ¡Pam!
Al terminar las tomas se percató de que su cámara estaba mal regulada.
-A la hora que revelo los negativos salían transparentes y me decía ¿Qué hago? ¿Ahora que presento?
-¿Cómo se sintió?
-Me sentí mal, pero traté de rescatar lo que pude.
El ganador del premio a la excelencia se equivocó, pero aprendió que el exceso de confianza jamás es bueno.

Luego del taller, el profesor se va a casa de su madre para almorzar. –Los domingos son los únicos días que puedo almorzar con ella. Sonríe, entra al auto y se va.



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Era el año 1998, José fue elegido para participar del seminario de World Press Photo, fundación europea conocida por organizar el más prestigioso concurso anual de fotografía de prensa. Fue uno de sus más grandes logros. Envió su portafolio junto a otros 80 fotógrafos de todo el Perú, pero solo 17 fueron elegidos y él figuraba entre ellos. Había salido de la oscuridad para mostrarse al mundo. Era la dicha de trabajar con fotógrafos de renombre lo que emocionó a Chuquiure. Los seminarios tenían una finalidad: llevar la educación fotográfica a 4 países en desarrollo: Bosnia, India, Simbabwe y Perú. Venían editores del extranjero por año a dejarles un proyecto. Y los trabajos eran supervisados por editores de El Comercio y del actual Centro de la Imagen.

La entrega de trabajos terminó en una exposición en Miraflores. Muchas fotos, bastantes copas, el Perú en su más crudo rostro.

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José Chuquiure se encuentra escaneando unas fotografías en la universidad, está sentado frente a una ‘Mac’ mirando la pantalla como un niño impresionado.
-Oye he escaneado esto como diez veces. Antes la tenía y me equivoqué. En lugar de ponerla en Photoshop, se me quedó en papelera y la perdí, Jajaja

Para lo único que no es bueno son las computadoras y los programas de edición. Sabe muy bien que la tecnología no es para él. Lo suyo siempre ha sido lo manual, análogo y el cálculo. Y hoy en un mundo donde todo parece tener un botón de automático, José se siente perdido.
- María enséñame... La otra vez quería hacer lo que me enseñaste para borrar puntos y no podía, no podía. Me dijiste: se apretaba acá y se sacaba tampón ¿no? A ver…
-Está bien profesor dele doble clic
-Ya doble clic, ajá
-Primero  tiene que tener apretado y seleccionar un punto, y ahora si…
-¡Ayyyy! Ahora salen dos manchas Jajaja
-Pero profe manténgalo apretado y luego el punto que quiere copiar, y lo va jalando nomás
-A ver a ver, quiero aprender
-Solo tiene que presionar ‘alt’ cuando quiera taparlo
-Entonces presiono acá para copiar y suelto y… ¡Ahhh! Ya ya, gracias… ‘Thank you’ Jajaja



José saca, con dificultad, los puntos blancos de sus fotografías escaneadas, ya que estas tienen más de 40 años. Son fotografías que subirá a su ‘Facebook’ por el día de la tierra. Si, el profesor de lo análogo tiene ‘Facebook’, y está orgulloso de tenerlo. Las fotografías que retoca las hizo en Ancash, en la cordillera Blanca, eran nevados sorprendentes. El blanco y negro les da poder. La fotografía en si les ha dado una eternidad particular.

-Tú sabes que yo el año pasado o el anteaño creo, me compré un rollo de ISO 125 y me fui a buscar esos nevados de nuevo y no los encontré, es más, ni sé donde los tomé, no me acuerdo.  Estuve buscando y no pude encontrar ninguno, quería tomar la misma foto después de tantos años pero no los encontré. No sé si hayan desaparecido, estarían ya sin nieve. Claro, después de cuarenta años lo más probable es que se hayan derretido un poco. Pero ¿Cómo identificarlos?


Efectivamente se habían derretido. Al final, nada puede durar tanto tiempo. Las fotografías guardan el registro de una vida pasada, la inmortalizan en un cuadro o en un archivo. Pero nadie asegura que ese registro dure para siempre.
-¿Usted cree que en algún momento la fotografía análoga va a llegar a su final?
-Supongo que cuando los comerciantes ya no vendan, como antes, van a seguir cerrando sus empresas de revelado, y eso es lo que va a determinar el fin de la fotografía análoga. La demanda. Eso va a determinar… y que se vayan muriendo los viejos, como yo. Se ríe.